El resultado llega en un momento especialmente simbólico para Barcelona, inmersa en la Capitalidad Mundial de la Arquitectura y en el Año Gaudí. La ciudad no solo mira a sus iconos más conocidos, sino también a proyectos que explican cómo se transforma el espacio urbano cuando se rehabilita, se planifica y se cuida lo existente.
Uno de los premios fue para la restauración del Mercado de Santa Caterina, obra de Miralles Tagliabue - EMBT. El proyecto recibió el Premio a la Permanencia, una categoría que reconoce obras que, dos décadas después, siguen funcionando y mantienen su valor en la vida cotidiana de la ciudad.
Santa Caterina es un caso muy visible en Ciutat Vella. Su cubierta colorida, la relación con el tejido del barrio y la mezcla entre mercado, memoria arqueológica y espacio público lo han convertido en mucho más que un equipamiento comercial. El premio destaca esa capacidad de seguir activo y reconocible con el paso del tiempo.
También fue distinguido el Plan Especial Urbanístico y de Mejora Urbana del ámbito de Fira de Barcelona y La Modelo, desarrollado por la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona y Barcelona Regional. El proyecto obtuvo el Premio de Urbanismo Español por plantear una nueva pieza de ciudad con vivienda, equipamientos, mezcla de usos y criterios de sostenibilidad.
El tercer reconocimiento llegó para Can Saltiri, la recuperación del acceso al Castillo de Rupit, obra de Carles Enrich Studio. La intervención recibió el Premio de Arquitectura Española por su forma de conectar patrimonio, paisaje y recorrido público con una actuación precisa y respetuosa.
Los tres proyectos son muy distintos entre sí, pero comparten una idea de fondo: la arquitectura no se limita a levantar edificios nuevos. También consiste en reparar mercados, imaginar nuevos barrios, mejorar accesos, recuperar memoria y hacer que lugares ya existentes funcionen mejor para quienes los usan.
Estos premios refuerzan una lectura clara en pleno año arquitectónico. La ciudad puede seguir presumiendo de grandes monumentos, pero su fuerza actual también está en las intervenciones que hacen más habitable el día a día: un mercado que sigue vivo, una antigua prisión que mira al futuro y un acceso patrimonial que vuelve a conectar paisaje y personas.