El dato pesa más si se compara con Madrid, que suma dos locales en la lista. La diferencia confirma el buen momento de una escena barcelonesa que ha sabido mezclar técnica, diseño, producto, relato y una forma muy propia de convertir una copa en experiencia.
El nombre más destacado vuelve a ser Sips, situado en el tercer puesto del ranking. El bar mantiene su condición de referencia mundial gracias a una propuesta que rompe con la barra tradicional y coloca al cliente alrededor de un espacio central donde el cóctel se prepara casi como una pieza escénica.
Sus creaciones juegan con texturas, aromas y presentaciones poco habituales. Entre ellas destaca Krypta, una de esas bebidas pensadas para sorprender más allá del sabor. Además, su espacio Esencia permite probar versiones en miniatura y catas más exclusivas, una fórmula que atrae a quienes buscan algo más que una salida nocturna.
Paradiso también consolida su lugar entre los grandes, en el puesto número 9. Es uno de los bares más reconocibles de Barcelona, tanto por su acceso escondido tras una falsa nevera como por un interiorismo de inspiración gaudiniana y una carta que convierte cada cóctel en un pequeño espectáculo.
El ranking incluye además a Aldea, en el puesto 26, que destaca por una propuesta ligada a la sostenibilidad y una oferta gastronómica con guiños japoneses. Su presencia muestra que la coctelería actual ya no se entiende solo desde la bebida, sino también desde el ambiente, el acompañamiento y la coherencia del concepto.
En el puesto 35 aparece 14 de la Rosa, una coctelería que apuesta por la calidez de barrio y por la precisión en los clásicos. Su reconocimiento confirma que no todo pasa por la sorpresa visual: también hay espacio para locales donde la técnica se nota en la limpieza, el equilibrio y la hospitalidad.
Boadas, en el número 36, representa la memoria de la coctelería barcelonesa. Fundado en 1933, sigue siendo un templo para quienes buscan un martini bien servido, una barra con historia y ese aire de oficio que no depende de modas ni de redes sociales.
FoCo completa la presencia barcelonesa en el puesto 48. Su estética, inspirada en antiguos clubes de corresponsales, y cócteles como un Old Fashioned con donuts glaseados muestran el lado más narrativo y juguetón de la nueva escena.
Madrid aparece en la lista con Salmon Guru, en el puesto 46, y Angelita, en el 45. El primero mantiene su fama por una estética maximalista y cócteles servidos en piezas llamativas; el segundo ha sabido unir producto, técnica y referencias virales como su sbagliato con “polvo de negroni”.
La fuerza de Barcelona está en la variedad. Hay bares de alta creatividad, locales con alma clásica, propuestas sostenibles, espacios íntimos y barras que funcionan casi como teatros líquidos. Esa mezcla ha convertido la ciudad en destino para aficionados, bartenders y viajeros que organizan parte de su visita alrededor de una copa.
La coctelería barcelonesa vive un momento de madurez. Ya no se trata solo de tener dos o tres nombres conocidos, sino de una escena completa, capaz de atraer talento, generar tendencia y dialogar con la gastronomía, el diseño y la vida nocturna de la ciudad.
Para Barcelona, estos reconocimientos son también una forma de proyectarse más allá del turismo convencional. Entre Sips, Paradiso, Boadas, Aldea, 14 de la Rosa y FoCo, la ciudad ofrece una ruta nocturna que mezcla memoria, innovación y espectáculo. Una prueba más de que, en Barcelona, salir a tomar algo puede acabar siendo una experiencia de primer nivel europeo.