El cambio responde a una ciudad con hogares cada vez más pequeños y presupuestos más ajustados. Vivir solo, en pareja o sin necesidad de disponer de tres dormitorios empuja a las promotoras a reservar parte de sus proyectos a viviendas compactas, especialmente en zonas donde cada metro cuadrado tiene un coste elevado.
La oferta se reparte ya por buena parte de la ciudad. En Roquetes todavía pueden encontrarse unidades nuevas en torno a los 250.000 euros, mientras que la Marina del Prat Vermell se ha convertido en uno de los puntos con mayor concentración de promociones de un dormitorio, con precios que parten aproximadamente de los 276.000 euros.
También aparecen opciones en Ciutat Vella. En el Gòtic, algunas viviendas se sitúan alrededor de los 285.000 euros, aunque las rehabilitaciones más céntricas pueden elevar notablemente el precio incluso en pisos interiores. Horta-Guinardó y Sant Andreu ofrecen una franja intermedia, con operaciones que se mueven aproximadamente entre los 320.000 y los 400.000 euros.
El salto resulta mucho más evidente al acercarse al centro. En el Eixample, una vivienda de un dormitorio y unos 69 metros cuadrados con terraza puede alcanzar los 590.000 euros, mientras que en Gràcia estrenar un piso de estas características ronda ya el medio millón en algunas promociones.
Las cifras se disparan en el segmento de lujo. Un ático de poco más de 50 metros cuadrados en Consell de Cent puede superar los 600.000 euros y determinados proyectos de alta gama en Gràcia o junto al Fòrum ofrecen viviendas de una habitación por encima del millón. En esos casos, el precio incorpora también terrazas, zonas comunes, servicios y ubicaciones especialmente cotizadas.
Para las promotoras, reducir el número de dormitorios permite ajustar el precio total sin renunciar a zonas donde el metro cuadrado es caro. Para el comprador, sin embargo, la entrada sigue siendo elevada: el piso puede ser más pequeño, pero eso no significa necesariamente que resulte barato.
El mapa deja así una Barcelona donde la vivienda nueva empieza a parecerse más a quienes la habitan. Menos familias numerosas, más hogares unipersonales y precios que penalizan cada metro extra están cambiando las promociones desde Nou Barris hasta el Eixample. La pregunta ya no es solo cuántas habitaciones necesita una vivienda, sino cuánto espacio puede permitirse realmente quien quiere comprarla.