La iniciativa reúne al Ayuntamiento, la Generalitat, la fundación I2CAT y el Centre de Telecomunicacions i Tecnologies de la Informació. El objetivo es probar cómo la inteligencia artificial y los modelos digitales de edificios pueden ayudar a revisar proyectos con más rapidez, más trazabilidad y menos papeleo.
El cambio no es menor en una ciudad donde la vivienda se ha convertido en una urgencia diaria. Cada licencia que se atasca puede retrasar una promoción, una rehabilitación o una reforma necesaria en edificios antiguos. Agilizar estos procesos no crea vivienda por sí solo, pero sí puede eliminar una parte del freno administrativo.
El primer paso será detectar en qué fases del trámite la inteligencia artificial puede ser útil. La idea no es sustituir de golpe el trabajo técnico o jurídico, sino localizar tareas repetitivas, comprobaciones normativas y puntos del expediente donde una herramienta digital pueda ordenar mejor la información.
La otra pieza clave será el uso de BIM, una metodología que permite trabajar con modelos digitales de edificios y cruzar datos técnicos, constructivos y normativos. En lugar de revisar solo planos y documentos dispersos, la administración podrá comprobar parte del proyecto sobre una representación digital más completa.
El piloto también adaptará la herramienta de código abierto BIMRocket para validar automáticamente requisitos urbanísticos y generar informes de incidencias. Las pruebas se harán con proyectos reales, pero anonimizados, para comprobar si el sistema puede detectar errores o incompatibilidades antes de que el expediente quede bloqueado.
El convenio tendrá una duración inicial de dos años, con posibilidad de prórroga. I2CAT liderará la parte vinculada al BIM, el CTTI se encargará de la inteligencia artificial, la Generalitat coordinará el proyecto y el Ayuntamiento aportará información y casos para las pruebas piloto.
La promesa es ambiciosa: menos esperas, menos pasos opacos y una relación más clara entre ciudadanía, técnicos, arquitectos y administración. Si funciona, Barcelona podría empezar a cambiar una de las partes menos visibles pero más decisivas de la ciudad: el tiempo que pasa entre presentar un proyecto y poder convertirlo en obra real.