La medida llega en un momento en que la sequía y el calor obligan a repensar cómo se mantiene el verde urbano. Regar árboles, jardines y parterres con agua potable ya no es una opción sostenible en una ciudad que necesita proteger sus reservas y prepararse para nuevos episodios de escasez.
La inversión supera los 22 millones de euros y tiene uno de sus puntos clave en Montjuïc. Allí se han construido tres nuevos depósitos situados en el Castell de Montjuïc, el Viver de Tres Pins y los jardines de Joan Brossa, con una capacidad total de 2.400 metros cúbicos.
Gracias a esta infraestructura, Barcelona podrá regar 21 hectáreas más de zonas verdes con agua freática. En total, la red alcanzará las 186 hectáreas de espacios verdes atendidos con este recurso, reduciendo el uso de agua potable en tareas donde no es imprescindible.
El ahorro anual será equivalente a unas 60 piscinas olímpicas. En una ciudad donde cada verano se mira con preocupación el estado de los embalses, esta cifra ayuda a entender la importancia de separar los usos: el agua potable para beber y abastecer hogares, y el agua freática para mantener servicios urbanos básicos.
Montjuïc será uno de los grandes beneficiados. El sistema cubrirá el 66% de sus necesidades de riego y limpieza, con la mayor parte del agua destinada a jardines. El resto se repartirá entre limpieza viaria, apoyo a bomberos y mantenimiento de fuentes ornamentales.
La nueva red conecta los depósitos con el sistema del Poble-sec y el entorno del Palau Nacional, lo que permitirá distribuir mejor el agua en una zona con jardines, equipamientos culturales, instalaciones deportivas y espacios muy frecuentados por vecinos y visitantes.
El plan no acaba ahí. El Ayuntamiento ha iniciado obras en seis puntos más de la ciudad para aumentar en 150.000 metros cúbicos anuales el uso de agua freática en servicios municipales. Estas actuaciones están en fase de pruebas y deberían entrar en funcionamiento este verano.
Barcelona también prevé invertir cerca de 30 millones de euros en modernizar los sistemas de riego de parques y jardines. La idea es combinar más agua alternativa con redes más eficientes, para evitar pérdidas y adaptar el mantenimiento del verde urbano a un clima cada vez más exigente.
El cambio puede parecer invisible para muchos vecinos, pero tendrá efectos concretos en la ciudad. Más árboles y jardines podrán resistir mejor los periodos secos, las calles seguirán limpiándose sin presionar el consumo doméstico y espacios como Montjuïc podrán mantenerse vivos incluso cuando la sequía vuelva a apretar.