El índice analiza la innovación a partir de cinco ejes: inversión, educación, investigación, empleo y empresa. No se limita a mirar municipios aislados, sino regiones funcionales, es decir, áreas que reflejan mejor cómo vive y se mueve la gente cada día. Esa mirada metropolitana favorece una lectura más realista de Barcelona, donde buena parte del crecimiento tecnológico se reparte entre la capital, L’Hospitalet, Sant Cugat, Esplugues, Cornellà o el entorno del Baix Llobregat.
El avance se nota especialmente en empleo tecnológico. Según el Mapa del Empleo Tecnológico de Cotec, Barcelona lidera por peso relativo de estos puestos, con un 12,4% del total, por delante de Madrid, que alcanza el 10,2%. La capital catalana no solo atrae startups y grandes empresas digitales: también está generando una base laboral cada vez más vinculada a programación, datos, ingeniería, I+D y servicios tecnológicos.
La salud es otro de los motores del cambio. Entre 2020 y 2024, la llegada de 23 nuevos hubs vinculados al sector sanitario y biomédico generó más de 5.000 empleos en Barcelona y su área metropolitana. Este crecimiento encaja con proyectos como el futuro Hospital Clínic en la Diagonal, el clúster biomédico de L’Hospitalet y la Ciutadella del Coneixement, que buscan convertir la investigación en actividad económica, empleo cualificado y transferencia de conocimiento.
La comparación con Madrid no se reduce a una competición de titulares. Madrid mantiene una posición muy fuerte en inversión, sedes empresariales y concentración institucional. Barcelona, en cambio, destaca por su tejido científico, su capacidad investigadora y una especialización muy marcada en salud, tecnología urbana, supercomputación, diseño, universidades y emprendimiento. Esa combinación explica por qué la distancia entre ambas áreas se ha estrechado tanto.
El informe también deja una advertencia clara: buena parte del impulso reciente de la innovación en España está vinculado a los fondos europeos Next Generation, especialmente en proyectos de I+D+i. Eso abre una pregunta incómoda para los próximos años. Cuando esa financiación extraordinaria se reduzca, las ciudades que quieran seguir creciendo tendrán que sostener la apuesta con inversión propia, colaboración público-privada y empresas capaces de innovar sin depender solo de ayudas temporales.
Para Barcelona, el reto será que la innovación no quede encerrada en laboratorios, campus o titulares económicos. Debe traducirse en mejores empleos, más oportunidades para jóvenes, servicios públicos más eficientes y una economía menos dependiente del turismo y de sectores de bajo valor añadido. Ahí se jugará la verdadera diferencia entre ser un polo tecnológico y ser una ciudad donde la innovación mejora la vida cotidiana.
El futuro Hospital Clínic resume bien esa ambición. Su traslado a la Diagonal no es solo una operación sanitaria o urbanística: aspira a crear un gran nodo de medicina, investigación, universidad y empresa en un punto estratégico de la ciudad. Si Barcelona logra conectar piezas como esa con su red tecnológica, científica y empresarial, el salto no será solo estadístico. Será una transformación real del modelo económico metropolitano.