La revolución llega tras un curso decepcionante y con cambios que afectan tanto al vestuario como al banquillo. Entre los nombres que dejan el club aparecen Nico Laprovittola, Tomas Satoransky, Willy Hernangómez, Youssoupha Fall, Miles Norris, Myles Cale y Juani Marcos, además de la retirada de Jan Vesely. La salida de varios referentes marca el final de un ciclo.
El núcleo que sigue deberá sostener el arranque del nuevo proyecto. Kevin Punter, Darío Brizuela, Juan Núñez, Toko Shengelia y Joel Parra aparecen como piezas importantes en una plantilla que todavía necesita completar muchas posiciones antes de volver a competir con garantías en ACB y Euroliga.
El primer fichaje confirmado es Olivier Nkamhoua, ala-pívot finlandés de 26 años y 2,03 metros que llega procedente del Varese. Firma por dos temporadas y aporta un perfil físico, móvil y competitivo, con experiencia en Italia, Alemania y en la NCAA estadounidense.
Su llegada apunta a una idea clara: un Barça más duro, más atlético y con más energía en el juego interior. Después de una temporada en la que el equipo quedó señalado por falta de continuidad y de carácter en momentos clave, la dirección deportiva busca cambiar el tono desde la construcción de la plantilla.
La incertidumbre también pasa por el banquillo. La salida de Xavi Pascual, que se marcha al Dubai Basketball, ha trastocado parte del plan y obliga al club a resolver una decisión clave. El próximo entrenador no solo tendrá que encajar fichajes, sino reconstruir identidad, jerarquías y confianza.
Para la afición, el verano se vive entre impaciencia y necesidad de señales. El Palau ha visto ciclos ganadores, proyectos fallidos y grandes nombres, pero una remodelación tan amplia eleva el nivel de exigencia: si se cambia casi todo, el nuevo equipo deberá explicar pronto hacia dónde va.
La transformación del Barça de bàsquet no es solo una operación de mercado. Es una respuesta a una temporada que dejó heridas deportivas y a una sección obligada a recuperar peso en la ciudad. El Palau necesita volver a sentir que cada partido abre una etapa nueva, no que prolonga la decepción del curso anterior.