El proyecto afecta especialmente a barrios como Congrés, La Salut, Can Claris y el Gorg, donde la avenida ha funcionado durante décadas más como una frontera de tráfico que como un espacio de barrio. Ahora la idea es justo la contraria: reducir velocidad, ganar espacio peatonal y hacer la zona más habitable.
El cambio más visible será la reducción de carriles. Donde hasta ahora dominaban cuatro vías para coches, pasarán a quedar dos, liberando espacio para aceras más amplias, árboles y nuevos carriles bici conectados con Sant Adrià y Barcelona. También se renovará el alumbrado, el alcantarillado y parte del mobiliario urbano.
La reforma llega además tras más de 25 años sin una intervención profunda en esta avenida. En muchos tramos, vecinos y comerciantes llevaban tiempo denunciando problemas de mantenimiento, ruido y sensación de abandono en una de las arterias más importantes del municipio.
Las obras se harán por fases y se alargarán durante varios meses, algo que inevitablemente afectará a la movilidad local. Habrá cambios de circulación, tráfico más lento y alteraciones en el entorno mientras avanzan los trabajos, especialmente en los accesos cercanos a la C-31 y la carretera de Santa Coloma.
Detrás del proyecto hay también un cambio de modelo urbano bastante claro. Badalona, igual que Barcelona y otros municipios metropolitanos, intenta transformar antiguas vías pensadas casi exclusivamente para coches en espacios más equilibrados, donde caminar, pedalear o simplemente estar resulte más fácil.
La avenida Alfons XIII resume bastante bien esa transición. Durante años fue una carretera dura, ruidosa y pensada para atravesar la ciudad rápidamente. La reforma intenta convertirla en otra cosa: un eje más verde, más lento y más conectado con la vida cotidiana de los barrios que la rodean.