Spotify se ha convertido en el actor principal de la industria musical, controlando el 90% del valor del mercado digital y relegando el formato físico a solo un 10%. La plataforma no remunera a los artistas por cada reproducción, sino que el pago depende de la capacidad de fidelizar a su audiencia y del nivel de engagement que generan con los usuarios.
Según Melanie Parejo Mcwey, responsable de Música para el Sur y Este de Europa en Spotify, los artistas establecen una conexión directa e instantánea con su público a través de la plataforma. Sin embargo, los pagos no llegan directamente a los músicos, sino a los titulares de los derechos: una parte va a las discográficas y otra a las editoriales.
El crecimiento del streaming sigue imparable y la música en español lidera esta tendencia, tanto si proviene de Puerto Rico como de l’Hospitalet de Llobregat. Aunque artistas internacionales como Bruno Mars o Billie Eilish encabezan las listas globales, Bad Bunny es el más escuchado en todo el mundo.
En Cataluña, la situación es similar. Nombres como Bad Bunny, Myke Towers o Quevedo figuran entre los favoritos, pero también hay presencia de artistas catalanes que cantan en catalán, como Oques Grasses o Figa Flawas, dentro del top 50 regional.
Para los músicos, estar en Spotify significa ganar visibilidad y conectar con una audiencia que busca activamente su música. La plataforma se ha convertido en el patio de recreo donde los artistas pueden interactuar y crecer junto a sus oyentes.