La noticia llega pocos días después de que el Barça cerrara la temporada levantando otra Champions femenina, con una victoria contundente ante el Lyon. Alexia se marcha, por tanto, con una última gran imagen europea: capitana, campeona y elegida como una de las jugadoras decisivas del torneo.
Su etapa en Barcelona deja cifras enormes. Putellas se va como máxima goleadora histórica del club, con más de 500 apariciones y más de 230 goles. En el camino ganó cuatro Champions, diez ligas, varias Copas de la Reina y dos Balones de Oro, además de convertirse en el rostro más reconocible del crecimiento del fútbol femenino español.
Pero su impacto no se entiende solo con números. Alexia fue la jugadora que acompañó al Barça en su salto de escala: de una sección con menos foco mediático a un equipo capaz de llenar estadios, competir de tú a tú con los gigantes europeos y cambiar la relación de muchas niñas con el fútbol. Su figura ayudó a que el Camp Nou también fuera territorio del femenino.
La decisión abre ahora dos caminos. Para Alexia, el de un nuevo reto lejos de la Liga española, con el London City Lionesses entre los clubes que aparecen vinculados a su futuro. Para el Barça, el reto será reconstruir liderazgo en un vestuario que sigue lleno de talento, pero que pierde a su capitana y a su símbolo más potente.
El club prepara un acto de despedida en el Camp Nou para homenajearla como una leyenda. Será algo más que una ceremonia de agradecimiento: muchos aficionados despedirán a la futbolista que puso nombre, rostro y carácter a la etapa más brillante del Barça femenino.
Barcelona pierde a una jugadora, pero también a una referencia cultural y deportiva de los últimos años. Alexia no solo ganó títulos; cambió el tamaño de lo posible para el fútbol femenino en la ciudad. Su salida marca el final de una era, y quizá por eso pesa tanto: porque no se va una pieza más del equipo, sino una parte del relato que convirtió al Barça en el gran espejo del fútbol femenino europeo.