Las primeras orugas procesionarias ya se dejan ver en Barcelona. Vecinos reportan su presencia en Montjuïc, Guinardó y Collserola. Pueden ser peligrosas para mascotas y personas. La temporada arranca antes de lo esperado.
La llegada de las orugas procesionarias a Barcelona marca el inicio de una temporada que preocupa a familias y dueños de mascotas. Estos insectos, que avanzan en largas filas por el suelo, ya han sido avistados en varios puntos emblemáticos de la ciudad y su área metropolitana.
En los últimos días, vecinos han alertado sobre la presencia de estas orugas en Montjuïc, uno de los pulmones verdes de la capital catalana. También se han detectado en parques de Guinardó y en la sierra de Collserola, lo que amplía el radio de atención para quienes pasean por zonas arboladas. La situación no se limita a Barcelona: localidades cercanas como Badalona y Sabadell también han registrado los primeros movimientos de estos insectos.
La procesionaria del pino representa un riesgo real, especialmente para perros y niños pequeños. Sus pelos urticantes pueden provocar reacciones alérgicas graves, por lo que se recomienda extremar la precaución y evitar el contacto directo. El adelanto de su aparición este año ha sorprendido a muchos, obligando a modificar rutinas y rutas habituales en parques y jardines urbanos.
El fenómeno suele intensificarse con la subida de las temperaturas, lo que explica que ya se hayan detectado los primeros grupos en pleno invierno. Las autoridades recuerdan la importancia de informar sobre nuevos avistamientos y de mantener a las mascotas bajo control durante los paseos.
La procesionaria del pino es una de las plagas más características de los bosques mediterráneos. Su ciclo vital está estrechamente ligado a los pinos, donde las orugas construyen sus nidos de seda en las ramas más altas. Cuando descienden en procesión para enterrarse y completar su metamorfosis, se convierten en un peligro para la salud pública. En los últimos años, el cambio climático ha adelantado su aparición y ampliado su presencia en entornos urbanos, obligando a las ciudades a reforzar las campañas de prevención y control.