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7 de enero: qué se celebra hoy

El invierno continúa, y con él llegan días de recogimiento y memoria, de fe y de nostalgia. El 7 de enero el calendario se divide entre lo espiritual y lo tangible: por un lado, la Navidad Ortodoxa, que ilumina los templos de oriente con la promesa del nacimiento de Cristo; por otro, el Día del Sello Postal, pequeño homenaje a ese rectángulo de papel que, durante siglos, llevó las palabras y los afectos de un continente a otro. Dos celebraciones distintas, unidas por una misma idea: la comunicación —entre el cielo y la tierra, entre las almas y las distancias.

Foto por KinoMasterskaya / Shutterstock / FOTODOM

Navidad Ortodoxa: la fe que sigue el calendario de las estrellas

Mientras el mundo occidental ya ha guardado los adornos navideños, en los países de tradición ortodoxa el espíritu de la Natividad apenas florece. Basada en el calendario juliano, la Navidad Ortodoxa se celebra el 7 de enero, trece días después de la católica. En Rusia, Serbia, Grecia, Ucrania o Etiopía, las iglesias resuenan con himnos antiguos, las familias encienden velas y el aire se llena de incienso y canciones.

El día comienza con el ayuno y culmina con la primera estrella de la noche —símbolo del nacimiento de Jesús—. En muchas mesas se sirven doce platos, uno por cada apóstol, entre ellos la kutia, mezcla de trigo, miel y semillas de amapola, que simboliza la abundancia y la vida eterna. Las calles se llenan de coros, procesiones y el saludo tradicional: “Cristo ha nacido”, al que se responde “¡Gloria a Él!”.

Esta celebración conserva el sentido primitivo de la Navidad: una experiencia de humildad y recogimiento, donde lo esencial no se compra ni se envuelve. En su sobriedad radica su fuerza: la luz que nace en medio del invierno y se comparte, de corazón a corazón.

Día del Sello Postal: la palabra que viaja

En el mismo día en que se celebra la encarnación de la Palabra divina, el mundo rinde homenaje a otra forma de comunicación: el sello postal, invento que permitió que las palabras cruzaran océanos y fronteras. El 7 de enero marca el nacimiento de Heinrich Stephan, fundador de la Unión Postal Universal y arquitecto del sistema moderno de correo. Gracias a él, una carta podía recorrer el planeta con una sola estampilla: un pequeño milagro de organización y confianza.

El sello fue mucho más que una prueba de franqueo: fue una obra de arte en miniatura, un retrato de naciones, héroes y paisajes. Desde el legendario Penny Black de la reina Victoria hasta las emisiones conmemorativas de hoy, cada uno guarda un fragmento de historia, una emoción encapsulada en papel. Los coleccionistas —los filatelistas— lo saben bien: detrás de cada sello hay una vida, un viaje, un mensaje que alguna vez fue urgente.

Hoy, en tiempos de mensajería instantánea, el sello se convierte en símbolo de paciencia y memoria. En museos y exposiciones, los países celebran su arte silencioso: el de unir, con un pequeño cuadrado de papel, a quien escribe y a quien espera. En un mundo saturado de ruido, la lentitud del correo tradicional recuerda que las palabras, como las oraciones, necesitan tiempo para llegar.

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Aleksandr Prokofyev
Aleksandr Prokofyev
Editor jefe y fundador de un medio urbano con más de 10 años de experiencia en medios digitales.
Publicado ID43602

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