Día Mundial de la Salud
El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, una efeméride ligada al nacimiento de la Organización Mundial de la Salud: su constitución fue firmada el 22 de julio de 1946 y entró en vigor en 1948. A partir de 1950, la fecha quedó marcada para recordarnos una idea esencial, casi sencilla y por eso mismo revolucionaria: la salud no debería depender del lugar donde naces, de tu salario ni de tu suerte, sino ser un derecho real, accesible y digno.
Cada año, la OMS propone un enfoque para ordenar la conversación global. En 2025, el lema es «Comienzos saludables, futuros esperanzadores», una campaña centrada en la salud de las madres y los recién nacidos: el punto de partida de las familias y, en consecuencia, de comunidades más fuertes. No es un tema «solo médico»: habla de acompañamiento, de prevención, de información fiable, de partos seguros y de cuidados que continúan cuando se apagan las luces del paritorio y empieza la vida cotidiana.
En ese mapa entra la Cobertura Sanitaria Universal, el principio de que todas las personas deben acceder a servicios esenciales cuando los necesiten, sin que ello las empuje a la ruina. Sin embargo, la realidad sigue siendo áspera: millones aún eligen entre tratarse o pagar la comida, entre un diagnóstico a tiempo o el silencio. Por eso este día no se queda en el símbolo: nos invita a mirar la salud como un pacto social, una red que se teje con políticas públicas, con educación y también con pequeños hábitos que sostienen el cuerpo y la mente.
Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en Ruanda
El 7 de abril también es una fecha de memoria. Desde 2003, la ONU impulsa el Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en Ruanda, para rendir homenaje a las víctimas y acompañar —con respeto y responsabilidad— a quienes sobrevivieron. Recordar, aquí, no es quedarse en el pasado: es vigilar el presente, reconocer las señales del odio y comprender lo rápido que se degrada una sociedad cuando la deshumanización se vuelve costumbre.
El genocidio comenzó el 7 de abril de 1994 y dejó un saldo de alrededor de 800.000 víctimas en apenas cien días, una herida que todavía atraviesa biografías y generaciones. La tragedia no fue un «relámpago inevitable»: fue el resultado de discursos, decisiones y complicidades. Por eso esta efeméride existe: para insistir en que la violencia masiva no nace de la nada, y que la prevención empieza mucho antes, en la escuela, en los medios, en la política, en la forma en que hablamos del otro.
Con el tiempo, también llegó la búsqueda de justicia: el Consejo de Seguridad de la ONU creó en 1994 un tribunal internacional para juzgar a los responsables y documentar los crímenes. Pero la justicia, por sí sola, no devuelve lo perdido; apenas abre un camino posible para la reconstrucción. En 2024 se conmemoró el 30.º aniversario, y la cifra redonda no alivia nada: solo subraya la obligación de mantener viva la memoria para que el «nunca más» sea algo más que una frase.