Día Internacional del Mago
La magia, ese arte que obliga a dudar de lo que vemos, celebra hoy a quienes han convertido el asombro en oficio. La fecha honra a Juan Bosco, santo patrono de los magos, cuya habilidad para cautivar a los jóvenes combinaba malabares, humor y una delicada pedagogía espiritual. Pero también es un homenaje a todos los ilusionistas —desde los legendarios Merlin y Houdini hasta los creadores contemporáneos que mezclan psicología, tecnología y narrativa— que han expandido los límites de lo imposible.
A lo largo de la historia, la magia ha sido mucho más que entretenimiento: fue en sus orígenes un puente entre lo religioso, lo científico y lo teatral. Cada truco encierra meses de práctica silenciosa, un estudio preciso del ritmo, la mirada y la percepción. Y quizá por eso, incluso en tiempos dominados por pantallas y efectos digitales, sigue emocionando ver cómo un objeto desaparece ante nuestros ojos o cómo una simple carta cambia de lugar con una elegancia casi humana.
El Día Internacional del Mago también recuerda la dimensión cultural de este arte: libros antiguos custodiados en bibliotecas, sociedades profesionales que intercambian secretos, campeonatos mundiales que reúnen a miles de artistas. Celebrar la magia es celebrar la capacidad humana de crear asombro, un refugio necesario en un mundo que a veces olvida mirar con curiosidad.
Día Internacional de la Cebra
En contraste con los escenarios iluminados, el 31 de enero también nos lleva a las praderas del este y sur de África, donde la cebra —un animal tan icónico como vulnerable— protagoniza su propia jornada mundial. Existen tres especies, y dos de ellas están en regresión. La cebra de Grévy, con sus orejas grandes y su patrón de rayas particularmente fino, está en peligro crítico. La de montaña también pierde terreno ante la caza y la transformación del hábitat. Las llanuras conservan mayores poblaciones, pero no están libres de amenazas.
Las rayas de la cebra, ese misterio que ha intrigado a científicos durante décadas, han dado lugar a múltiples teorías: mecanismos de termorregulación, camuflaje ante depredadores, defensa frente a insectos o incluso un sistema de identificación individual. Lo cierto es que ninguna cebra es igual a otra, y esa singularidad visual se ha convertido en símbolo de la biodiversidad que estamos llamados a proteger.
El Día Internacional de la Cebra busca justamente eso: recordarnos que la conservación no es una abstracción, sino una urgencia que afecta a especies concretas y a ecosistemas enteros. Organizaciones especializadas, como la Zebra Trust de Grévy, trabajan para preservar estos animales en su entorno natural, apoyando a comunidades locales y generando programas de monitoreo. La efeméride invita a difundir información, colaborar con proyectos de conservación y, sobre todo, entender que cada vida rayada que corre libre en la sabana es un triunfo contra la desaparición.