Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos
Desde 2015, la ONU conmemora el 19 de junio como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos. No es una efeméride «temática»: es un recordatorio de que la violación, la esclavitud sexual y la explotación no son daños colaterales, sino tácticas de guerra que buscan quebrar comunidades enteras. En el centro están las víctimas —sobre todo mujeres y niñas, aunque no exclusivamente—, y también quienes trabajan para que estos crímenes no queden enterrados bajo el ruido de los combates.
El mensaje de 2025 pone el foco en algo que suele quedar fuera de cámara: las consecuencias intergeneracionales. «Romper el ciclo, sanar las heridas» no se refiere solo al trauma inmediato, sino a lo que persiste años después: miedo, estigmas, silencios dentro de las familias, cuerpos que cargan memoria. Por eso esta fecha insiste en un enfoque humano y concreto: atención médica y psicosocial, protección, acceso a servicios de salud sin amenazas, acompañamiento legal y apoyo económico cuando la vida queda partida en dos.
En 2024, la reflexión se centró en la protección de hospitales en contextos de guerra: lugares donde muchas supervivientes podrían recibir ayuda y, sin embargo, se convierten en espacios inseguros o inaccesibles. Conmemorar este día es, también, defender el derecho a ser atendidas sin miedo. Y algo más difícil: sostener la atención pública cuando el mundo se distrae, para que la justicia y la reparación no sean excepciones, sino camino.
Día Mundial del Paseo
En el mismo calendario, el 19 de junio aparece una invitación sorprendentemente sencilla: bajar el ritmo. El Día Mundial del Paseo nació en 1979, propuesto por W. T. Rabe como respuesta a la fiebre del jogging. Donde el mundo aplaudía el rendimiento, él propuso lo contrario: caminar sin competir, mirar alrededor, recuperar el placer de ir despacio.
Pasear no es perder el tiempo; es volver a habitarlo. Un paseo corto puede ser una forma de cuidado —del cuerpo, de la mente— y también una pequeña declaración cultural: elegir la atención frente al piloto automático. En una época de notificaciones y velocidad, caminar a ritmo de paseo es casi una cortesía con uno mismo… y con el paisaje.
Quizá por eso funciona tan bien junto a la otra efeméride del día: porque, después de nombrar el horror, hace falta un gesto que recuerde que la vida no se reduce a la violencia. El paseo no arregla el mundo, pero puede devolvernos fuerza para mirarlo sin rendirnos: paso a paso, respiración a respiración.