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17 de enero: qué se celebra hoy

El 17 de enero es una fecha en la que la devoción se encuentra con el afecto cotidiano. En muchos lugares del mundo, templos y plazas se llenan de animales que esperan pacientemente una bendición: perros inquietos, gatos curiosos, aves nerviosas, incluso especies inesperadas que llegan en brazos de sus dueños. Es un día que recuerda la antigua alianza entre seres humanos y criaturas que nos acompañan desde hace siglos, ya sea en el hogar, en el campo o en la memoria simbólica de las tradiciones religiosas. Hoy, lo sagrado adopta forma de caricia.

Foto por Lee Charlie / Shutterstock / FOTODOM
17 de enero: qué se celebra hoy

Día Mundial de Bendecir a los Animales

La celebración del 17 de enero coincide con la festividad de San Antonio Abad, conocido popularmente como San Antón, figura profundamente asociada al cuidado y protección de los animales. Su historia, transmitida durante siglos, narra cómo este monje del desierto vivió retirado del mundo, dedicando su existencia a la oración y a la contemplación. Se cuenta que curó a una jabalina y devolvió la vista a sus crías, un gesto que simboliza su compasión hacia todas las criaturas vivas. Esa escena, mitad mito y mitad enseñanza moral, lo convirtió en patrono de los animales.

Hoy, su legado permanece vivo en ceremonias que mezclan fe, tradición y ternura. En iglesias y ermitas, sacerdotes bendicen a mascotas de todo tipo: no solo perros y gatos, sino también hurones, reptiles, aves y otras especies que reflejan la diversidad del vínculo humano-animal. Las colas frente a los templos —a veces caóticas, a veces silenciosas— expresan una convicción sencilla: los animales forman parte de nuestras vidas, nos ofrecen compañía, alegría, consuelo, y merecen también un acto simbólico de protección.

Más allá del ritual religioso, este día pone en valor una relación que ha evolucionado con el tiempo. Los animales ya no son solo guardianes, ayudantes o proveedores, sino miembros de pleno derecho en muchos hogares. Bendecirlos es también reconocer su lugar en la comunidad afectiva. En un mundo acelerado, detenerse a agradecer su presencia —su lealtad, su suavidad, su energía juguetona o su paciencia infinita— se convierte en un gesto profundamente humano.

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Publicado ID43616

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