Día Mundial del Selfie en los Museos
Durante siglos, los museos fueron espacios solemnes, casi silenciosos, donde el público se movía con respeto contenido. Pero en los últimos años, la relación entre visitantes y colecciones ha cambiado: la experiencia museística se ha vuelto más dialogada, más personal, más abierta. El Museo Selfie Day, celebrado cada tercer miércoles de enero, nació precisamente de esa voluntad de acercar el arte a la vida cotidiana. La invitación es simple: hacerse un selfie dentro de un museo y compartirlo, no como un acto frívolo, sino como una manera de narrar la propia relación con la cultura.
El museo, ese lugar dedicado a lo permanente, se transforma por un día en escenario para una imagen fugaz. El visitante deja de ser espectador para convertirse en protagonista; el arte deja de estar al otro lado de la vitrina y aparece como parte del encuadre. Hay algo revelador en este gesto: al fotografiarnos junto a una obra, no solo queremos llevarnos un recuerdo, sino también inscribirnos —aunque sea por un instante— en la larga historia de lo que observamos. Un selfie en un museo es, en cierto sentido, una declaración de pertenencia al relato cultural del que formamos parte.
Día Nacional del Sombrero
En Estados Unidos, el 15 de enero celebra un objeto que ha acompañado a la humanidad desde el Antiguo Egipto. El sombrero surgió como protección contra el clima, pero pronto se convirtió en símbolo: de estatus, de oficio, de identidad. En Grecia, los tocados marcaban la condición social; en Roma, el píleo se ofrecía a los esclavos liberados; en la Edad Moderna, los sombreros amplios y las plumas exuberantes distinguían a nobles y cortesanos. El sombrero es, desde siempre, un pequeño manifiesto sobre quiénes somos.
Hoy, su diversidad es casi infinita: pamelas, bucket hats, gorras de béisbol, mitras litúrgicas, sombreros de campaña, fedoras… Cada forma encierra una historia. Algunos son herramientas prácticas, otros expresiones de moda, otros símbolos culturales que viajan de generación en generación. Incluso su fabricación ha dejado huellas insólitas, como el uso histórico de mercurio en el procesamiento del fieltro, origen del célebre «mad as a hatter».
El Día Nacional del Sombrero invita a reivindicar este accesorio como pieza de carácter, un detalle capaz de transformar la actitud con la que salimos a la calle. Es también una celebración del oficio de los sombrereros, artesanos que aún hoy mantienen vivo un arte que exige precisión y paciencia. Ponerse un sombrero no es solo cubrirse del sol: es elegir un gesto que acompaña nuestro modo de estar en el mundo.