Día Mundial de la Lógica
La lógica, a menudo relegada a un rincón académico, es en realidad un pilar silencioso de nuestra vida cotidiana. Cada decisión, cada argumento, cada sistema tecnológico que utilizamos se apoya en esa estructura invisible del pensamiento. La UNESCO proclamó este día en 2020 para acercar una disciplina fundamental a un público que, sin saberlo, la utiliza a diario: desde resolver un problema matemático hasta seguir los pasos de una receta, desde organizar una idea hasta programar un algoritmo.
El 14 de enero rinde homenaje a dos figuras esenciales: Kurt Gödel, fallecido en esta fecha en 1978, y Alfred Tarski, nacido en 1901. Ambos transformaron radicalmente la forma en que entendemos el razonamiento, desafiando la idea de que la lógica ofrece certezas absolutas. Sus teorías obligaron a convivir con la paradoja, con los límites del conocimiento, con la belleza —a veces inquietante— de aquello que no puede resolverse del todo.
Este día invita a llevar la lógica más allá de las aulas y los laboratorios: a las familias, a las escuelas, a las conversaciones públicas. Reflexionar sobre cómo pensamos es también una forma de construir sociedades más justas y dialogantes. La lógica, en su sentido más amplio, no solo organiza el pensamiento: también puede acercar a los pueblos, fomentar la cooperación y sostener una cultura de paz.
Día Internacional de la Cometa
Mientras la lógica desmenuza el pensamiento, las cometas lo elevan. En Gujarat, al oeste de la India, cada 14 de enero el cielo se cubre de colores vivos en el festival de Uttarayan, un acontecimiento que reúne a miles de personas. Para sus habitantes, el ascenso de las cometas simboliza el despertar de los dioses tras el invierno y anuncia que el viento es favorable para volver a trabajar la tierra. Es un rito que une la naturaleza, el tiempo agrícola y la celebración colectiva.
El vuelo de las cometas, que antaño estuvo reservado a la nobleza, hoy es una experiencia universal. En Uttarayan, visitantes de toda Asia —y del resto del mundo— se dan cita para compartir un espectáculo que convierte el cielo en un tapiz móvil. Es un arte que combina destreza, observación y cierto abandono confiado: dejar que el viento haga su parte, permitir que la cometa encuentre su propio equilibrio en el aire.
Para celebrarlo no hace falta viajar tan lejos. Basta con rescatar una vieja cometa o comprar una nueva y lanzarla al cielo más cercano. Es un gesto simple, casi infantil, pero capaz de ofrecer un instante de libertad: mirar hacia arriba y ver cómo una figura de papel o tela traza su propio camino en el viento.
Día Mundial de Vestir a tu Mascota
Pocas celebraciones combinan humor, ternura y desenfado como esta. Desde 2009, cuando la especialista en bienestar animal Colleen Paige impulsó un desfile de mascotas vestidas con trajes coloridos en Florida, el Día Mundial de Vestir a tu Mascota se convirtió en una excusa global para mimar aún más a nuestros compañeros de cuatro patas. La moda perruna —y, en menor medida, felina— ha entrado de lleno en el repertorio del cariño cotidiano.
Detrás de la extravagancia hay algo más profundo: la idea de que las mascotas ocupan un lugar emocional en nuestras vidas, un espacio de compañía y afecto. Aunque el mercado ofrece desde chaquetas hasta camisetas, disfraces, gafas o impermeables, este día también recuerda la importancia del sentido común: priorizar la comodidad del animal, elegir prendas adecuadas al clima y evitar cualquier accesorio que pueda incomodarlo o ponerlo en riesgo. Vestir a una mascota no es disfrazarla de nuestra identidad, sino compartir un gesto lúdico sin perder de vista su bienestar.
La celebración se ha vuelto viral por su estética alegre, por las imágenes entrañables que genera y porque invita a detener la rutina para reírse un poco. Una mascota vestida puede no resolver grandes problemas, pero sí puede —aunque sea por un instante— mejorar el espíritu del día.
Año Nuevo Ortodoxo
El mismo 14 de enero, según el calendario juliano, comienza un nuevo año para las comunidades cristianas ortodoxas de países como Rusia, Serbia, Ucrania, Georgia o Bielorrusia. Se lo conoce también como el «Viejo Año Nuevo», una tradición nacida del desfase de trece días entre los calendarios juliano y gregoriano. Aunque no es una festividad oficial, mantiene una fuerte presencia cultural y espiritual.
La víspera se celebra con vigilias nocturnas, liturgias prolongadas y momentos de reflexión sobre lo vivido y lo que está por venir. Las familias se reúnen en torno a mesas que combinan lo simbólico y lo cotidiano: albóndigas, ensaladas de remolacha, encurtidos, setas, platos sencillos que evocan la cocina del invierno eslavo. En Serbia, esta fecha incluso prolonga el espíritu navideño; en Rusia, doce días después, la Epifanía abre la tradición de los baños helados que cierran el ciclo festivo.
El Año Nuevo Ortodoxo es un recordatorio de que el tiempo no se mide solo por calendarios, sino también por costumbres, memoria y comunidad. Es una celebración tranquila, sostenida en la continuidad y en la identidad compartida.