La celebración arranca con el paso de gigantes y bastoners, figuras que avanzan entre callejuelas centenarias marcando el inicio de una programación construida desde la participación vecinal. Más que una sucesión de actividades, la fiesta funciona como un retrato colectivo de un barrio que se explica a través de sus plazas, sus entidades y las personas que lo habitan.
Mercados al aire libre, cenas populares, talleres, música, encuentros comunitarios y propuestas culturales transforman cada rincón en un punto de encuentro. La muestra de comercio local abre las puertas del barrio desde una perspectiva cercana, mientras que iniciativas como El Pou es Mou reivindican el valor de compartir espacio público a través del deporte, la cultura y las actividades familiares.
La programación también refleja el carácter mestizo del Casc Antic, con actividades que acercan distintas tradiciones y realidades culturales, desde muestras gastronómicas y artísticas hasta proyecciones y debates que conectan el barrio con el mundo.
La verbena de San Juan volverá a encender uno de los momentos más simbólicos de la fiesta. La llegada de la llama del Canigó, la hoguera y la música hasta la madrugada recordarán que la celebración también es una forma de construir comunidad.
Y cuando el fuego, la música y la cultura popular tomen las calles durante el último fin de semana, el Casc Antic volverá a demostrar que una fiesta mayor es mucho más que un programa de actividades: es la expresión viva de un barrio que sigue escribiendo su propia historia.