Durante toda la jornada, los visitantes podrán recorrer una cuidada selección de ropa y accesorios de segunda mano, piezas vintage, objetos únicos y propuestas de diseñadores locales que apuestan por una forma de consumir más creativa y sostenible. Desde camisetas retro y vaqueros clásicos hasta joyería, ilustración y moda de autor, cada parada ofrece la posibilidad de encontrar algo diferente.
El mercado también invita a quedarse más allá de las compras. Food trucks, helados artesanales, café de especialidad y una barra de Moritz completan la oferta gastronómica, mientras los DJ de Ameba ponen la banda sonora con sesiones al aire libre frente al mar.
Port Flea es mucho más que un mercadillo: es un punto de encuentro para quienes disfrutan descubriendo objetos con historia, apoyando el talento local y compartiendo un domingo junto al Mediterráneo entre música, diseño y buen ambiente.