La muestra contrapone imágenes de espacios desaparecidos con su aspecto actual para documentar cómo el crecimiento de la ciudad ha ido borrando parte de su patrimonio arquitectónico y paisajístico.
Su mirada no se limita a los grandes monumentos. También reivindica el valor de las construcciones tradicionales, los comercios, los patios, las calles y los espacios verdes que, durante generaciones, han formado parte de la vida cotidiana.
A través de estos contrastes, Paisajes perdidos plantea una cuestión que afecta directamente al futuro de Barcelona: cómo responder a las necesidades de una ciudad en transformación sin destruir los elementos que dan identidad a sus barrios.
La exposición invita a reconocer el patrimonio más cercano, ese que rara vez aparece en las guías de arquitectura, pero que conserva buena parte de la memoria colectiva de la ciudad.