A partir de estas piezas, la exposición reúne obras escultóricas, fotográficas, audiovisuales y sonoras que exploran aquello que permanece cuando los grandes relatos se resquebrajan. En lugar de glorificar victorias o héroes, las obras ponen el foco en las huellas, los silencios y las historias que a menudo quedan fuera de la memoria oficial.
El recorrido aborda cuestiones como el antibelicismo, la memoria histórica y la fragilidad de los cuerpos a través de imágenes y materiales vinculados a la naturaleza. Flores, bosques, elementos orgánicos y formas anatómicas aparecen como símbolos de vulnerabilidad, pero también de resistencia. La vida se manifiesta aquí como una fuerza persistente que sobrevive a la violencia, al olvido y al paso del tiempo.
Con obras de Joan Brossa y artistas como León Ferrari, Esther Ferrer, Liz Magor, Julia Spínola o Tomaso Binga, entre otros, L'entrada a un bosc invita a detenerse, observar y repensar cómo construimos nuestros recuerdos colectivos. Una exposición que encuentra en los gestos discretos y en las presencias frágiles una poderosa forma de resistencia.