En sus grandes óleos conviven escenas que desafían cualquier equilibrio aparente: infancia y amenaza, delicadeza y tensión, seres humanos y animales compartiendo un mismo espacio cargado de simbolismo. Son imágenes que parecen suspendidas entre el sueño y la fábula, capaces de atraer la mirada y generar, al mismo tiempo, una extraña sensación de inquietud.
Lorca construye pinturas donde nada resulta completamente inocente. Bajo la belleza de sus composiciones aparecen relaciones de poder, pulsiones ocultas y una tensión constante entre naturaleza y presencia humana. Cada obra parece guardar algo que nunca termina de revelarse del todo.
La casa de arena reúne una de las trayectorias más reconocidas del panorama artístico actual y propone una experiencia donde la pintura no solo se contempla: también se habita, se interpreta y, a veces, se enfrenta.