A través de obras de arte, objetos históricos e instalaciones contemporáneas, la muestra examina el papel de la filosofía, la medicina, la religión o el mercado en la configuración de los cánones. La belleza aparece aquí no como algo neutro, sino como un territorio atravesado por relaciones de poder, donde el cuerpo —la piel, el cabello, la edad— se convierte en campo de disputa.
El proyecto, adaptado localmente a partir de la propuesta original de Janice Li en la Wellcome Collection, reúne voces y miradas diversas que cuestionan la idea de lo normativo. Artistas de distintas generaciones y contextos ponen en tensión los modelos dominantes, señalando las exclusiones que han quedado fuera del relato oficial.
Más que ofrecer respuestas, «El culto a la belleza» invita a revisar la propia mirada. A entender que lo que consideramos atractivo no es fijo, sino una construcción cambiante que dice tanto de quien mira como de lo que se mira.