El recorrido invita a cuestionar conceptos actuales como la posverdad o las dinámicas de poder que se esconden tras la construcción de relatos dominantes. A través de obras de distintos formatos —pintura, fotografía, vídeo e instalación—, el visitante atraviesa un espacio donde las certezas se diluyen y cada imagen plantea una nueva forma de interpretar lo real.
La propuesta se articula en cuatro momentos. Primero, un espacio de ilusión que seduce y desorienta; después, un intento de revelación que desvela sus mecanismos; más adelante, un territorio de duda donde los propios artistas interrogan estas estrategias; y, finalmente, una recapitulación que conecta estas prácticas con la historia del arte.
Con una escenografía dinámica de espejos, velos y estructuras móviles, la exposición no solo se observa, sino que se experimenta. En un contexto marcado por tecnologías capaces de fabricar realidades paralelas, «El asalto de la ilusión» plantea una pregunta incómoda: si el arte ha sabido construir engaños, ¿no debería ahora ayudarnos a detectarlos?