La visita comienza en La Pedrera, donde la piedra parece ondular y la arquitectura abandona cualquier idea de rigidez. Azoteas imposibles, patios llenos de color y espacios diseñados hasta el último detalle revelan la capacidad de Gaudí para convertir un edificio en una experiencia sensorial.
El viaje continúa hacia el universo delirante y fascinante de Dalí. El Teatre-Museu no funciona como un museo convencional, sino como una obra total donde el visitante entra directamente en la imaginación del artista. Desde el icónico patio presidido por el Cadillac surrealista hasta la Sala Mae West o la gran cúpula que cubre el antiguo escenario, cada espacio juega con la percepción y convierte la realidad en algo inestable.
Más que una entrada combinada, la propuesta conecta dos formas radicales de entender la creatividad: la arquitectura orgánica de Gaudí y el imaginario provocador de Dalí. Dos genios que demostraron que el arte también puede ser una forma de alterar la mirada.