La experiencia comienza con un taller en el que los niños diseñan y pintan su propio punto de libro, inspirado en las formas y detalles de la Casa Milà. Un objeto sencillo que, sin embargo, conecta directamente con el espíritu de Sant Jordi y acompaña la lectura de esos días.
A continuación, la visita guiada invita a mirar el edificio desde otra perspectiva. A través de sus espacios —desde las buhardillas hasta la azotea— se revelan las referencias al mundo vegetal que Antoni Gaudí integró en cada rincón, casi como si la arquitectura respirara.
La actividad, en catalán, se plantea como un recorrido compartido entre familias, donde observar, crear y recorrer se mezclan de manera natural. Una manera de celebrar Sant Jordi desde dentro de uno de los edificios más singulares de la ciudad.