Los talleres no buscan respuestas cerradas, sino abrir preguntas. ¿Quién decide qué cuerpos se muestran? ¿Qué imágenes quedan fuera? ¿Cómo afectan los filtros, las poses o los estereotipos a la forma de mirarse y mostrarse?
La primera semana, junto a Paula La Fea, parte de mil kilos de ropa para construir una instalación inmersiva llamada El probador. Lo que normalmente funciona como un lugar de juicio frente al espejo se transforma aquí en un espacio para deformar, exagerar y jugar con otras maneras de aparecer.
La segunda semana, con Blanca Almendariz Granero, se centra en el vídeo experimental y las imágenes digitales. Cámaras, edición y humor sirven para desmontar las reglas invisibles detrás de las fotografías «perfectas» de Instagram o TikTok y crear una pieza audiovisual colectiva.
El proyecto funciona como un laboratorio de ideas e identidades donde la creatividad se convierte en una forma de cuestionar aquello que normalmente se da por hecho.