El plan, sobre el papel, parece impecable. El problema llega cuando aparece el agente real, después su doble y, por si el caos necesitara un empujón más, también el hermano gemelo del actor, un fontanero que solo venía a reparar una avería. A partir de ahí, la lógica desaparece y las confusiones toman el control.
Ganadora de dos premios Molière, esta comedia convierte los malentendidos y las identidades cruzadas en un juego vertiginoso donde cada nueva aparición complica todavía más una situación ya imposible. Entre puertas que se abren, secretos, sospechas y una vecina demasiado curiosa, la función demuestra que algunas ideas brillantes solo tardan unos minutos en convertirse en un desastre memorable.
En catalán y con una duración de 90 minutos, Una idea genial celebra el placer de las grandes comedias de enredo llevadas al límite.
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