Romina, de 76 años, comienza a perderse entre nombres, lugares y momentos que ya no logra ordenar. Su hijo Guillem intenta sostener su día a día con paciencia y cuidado, registrando sus recuerdos y adaptando la casa para que nada se pierda del todo. Sin embargo, cuando la desorientación avanza, la decisión de trasladarla a una residencia cambia el rumbo de ambos.
Es allí donde aparece Juli, un hombre vital y lleno de humor que rompe la rutina y abre una nueva posibilidad inesperada: enamorarse otra vez. La historia se convierte entonces en una comedia tierna que reivindica el derecho a amar sin edad y a encontrar compañía incluso en los momentos de mayor fragilidad.
Con sensibilidad y una dosis de humor sincero, Una festa a Roma habla del paso del tiempo sin dramatismos, recordando que el amor no entiende de etapas ni de finales previstos.