El caso comienza durante una noche de verano. El hijo de un poderoso político sale en la lancha familiar junto a una expareja y varios amigos. Horas después, una persona ha muerto, otra permanece en coma y él se enfrenta a una acusación de asesinato. Las sospechas apuntan a los celos y a un posible estallido de violencia, pero los testimonios y las pruebas abren nuevas preguntas. Su principal valor está precisamente en esa participación: en lugar de recibir una historia cerrada, cada espectador influye directamente en ella y comprueba hasta qué punto una decisión puede cambiar cuando aparecen nuevos detalles.
A lo largo de la función, los espectadores analizan declaraciones, detectan contradicciones y votan en momentos decisivos. No hay una experiencia completamente pasiva ni un desenlace que pueda darse por sentado: las elecciones del jurado modifican el desarrollo del juicio y hacen que cada representación pueda tomar un rumbo diferente.
La obra aborda cuestiones como la violencia doméstica, la manipulación emocional, el consumo de alcohol y la omisión de auxilio, con escenas de fuerte tensión dramática. Más que un thriller judicial, Travesía Mortal permite experimentar desde dentro la dificultad de juzgar cuando las certezas desaparecen y cada prueba admite más de una lectura. Al final, solo el jurado puede responder: ¿culpable o no culpable?