La historia sigue el destino de Manon y Des Grieux, dos jóvenes arrastrados por un amor intenso y contradictorio. Ella oscila entre la pasión y el deseo de una vida lujosa; él permanece fiel pese a las renuncias. Entre huidas, decisiones equivocadas y una sociedad que juzga sin piedad, ambos emprenden un viaje que avanza, inevitablemente, hacia la tragedia.
La propuesta escénica traslada la acción a espacios actuales: estaciones de autobús, clubes nocturnos y celdas previas a la deportación, donde el amor aparece atravesado por el abuso y la vulnerabilidad. El vestuario urbano y la escenografía convierten el relato en una reflexión sobre la explotación y el deseo en el mundo contemporáneo, sin perder la fuerza emocional de la partitura.
Musicalmente, la obra despliega algunos de los momentos más intensos del repertorio operístico, desde el apasionado «Donna non vidi mai» hasta la desoladora aria final “Sola, perduta, abbandonata”. La soprano Asmik Grigorian encarna a una Manon frágil y luminosa junto al tenor Joshua Guerrero, en un cierre de temporada del Gran Teatre del Liceu marcado por la intensidad dramática y la belleza vocal.