La narración corre a cargo de la abuela Filomena, que desde su balancín guía el cuento con la cadencia de las historias contadas en voz baja. A su lado, el Senyor de la Sorra convierte cada palabra en imagen: dragones que aparecen y se desvanecen, princesas que emergen entre granos de arena, paisajes que cambian sin dejar rastro.
El resultado es un espectáculo que se construye y se borra al mismo tiempo, donde lo efímero forma parte de su encanto. Cada gesto deja huella solo por un instante, obligando a mirar con atención.
Pensada para público familiar a partir de 3 años, y con una duración de 45 minutos, la pieza invita a redescubrir la leyenda desde la calma, en un formato que apela tanto a la imaginación como a la mirada.