La pieza sitúa el cuerpo en el centro, pero lo rodea de nuevas capas expresivas que alteran la percepción y construyen un espacio tan hipnótico como inquietante. A lo largo de tres actos, la obra atraviesa distintas etapas que evocan desde ecosistemas primitivos hasta escenarios devastados, trazando una evolución que parece moverse entre el origen y el colapso.
La coreografía dialoga con paisajes sonoros, impulsos lumínicos e imágenes que oscilan entre lo humano y lo extraño. Lo poético y lo incómodo avanzan juntos, creando una atmósfera donde la belleza aparece precisamente allí donde las certezas empiezan a resquebrajarse.
Con una duración de 55 minutos, Inferus propone una experiencia que se siente más que se explica. Un descenso escénico que no ofrece respuestas, pero deja preguntas suspendidas mucho después de que el movimiento se detenga.
[[author:zenia-kade]]