La función se articula como un recorrido por situaciones que desafían la lógica sin necesidad de grandes artificios. Los objetos cambian de comportamiento, las certezas se vuelven frágiles y el espectador deja de ocupar un lugar pasivo para formar parte activa de lo que sucede.
El humor aparece como un elemento constante, no para aliviar la tensión, sino para acompañar el desconcierto. Llari maneja el tiempo con precisión, alternando momentos de sorpresa con otros más pausados, donde la duda se instala antes de resolverse —o no.
«Inexplicable» no pretende dar respuestas, sino abrir un espacio donde lo cotidiano se vuelve incierto. Un espectáculo que no se limita a mostrar trucos, sino que invita a cuestionar cómo se construye aquello que se percibe como real.