El espectáculo, impulsado por Application Rejected, convierte la historia en un terreno en disputa. Las protagonistas atraviesan episodios de resistencia femenina —de Salem al #MeToo, de las sufragistas a las obreras textiles catalanas— como si fueran paradas de una misma gira. No hay reconstrucción fiel, sino apropiación: cada momento se reinterpreta desde la música en directo, la ironía y una energía que desarma cualquier solemnidad.
La dramaturgia de Paula Castillo y Charlie Mills propone un relato que se mueve entre lo mítico y lo político. Las brujas no explican la historia, la intervienen. Invocan recuerdos, mezclan referentes y hacen convivir luchas que, aunque separadas por décadas, comparten una misma tensión.
Con guitarras, voces y una puesta en escena directa, «Hora Bruixa» plantea una pregunta sin formularla del todo: quién cuenta la historia y desde dónde. La respuesta no es única, pero suena alta.