La pieza, dirigida por Núria Serra, no reproduce la historia de manera literal, sino que la reinterpreta desde el movimiento. Cada gesto abre una escena: planetas que aparecen y desaparecen, encuentros que dejan huella y preguntas que no buscan una respuesta inmediata. El viaje del Principito se convierte así en un recorrido emocional donde la curiosidad y la amistad marcan el ritmo.
La puesta en escena apuesta por la sencillez y la sugerencia, permitiendo que la imaginación complete lo que no se muestra. En ese espacio, la danza funciona como un lenguaje accesible que conecta con niños y adultos desde lugares distintos.
Con una duración de 55 minutos y en catalán, el espectáculo invita a detenerse y mirar con otra perspectiva. A recuperar, aunque sea por un momento, esa forma de observar el mundo que suele perderse con el tiempo.
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