Nada es estable en ese caserón: los nombres cambian, las personalidades se diluyen y la realidad parece deformarse a cada escena. Las protagonistas se temen, se persiguen, se necesitan y, al mismo tiempo, intentan huir de un lugar del que nunca logran escapar del todo. La casa funciona como un personaje más, un organismo cerrado donde la ira, la irracionalidad y la angustia se expanden sin reglas claras.
Lejos del terror convencional, El casalot construye una atmósfera opresiva a partir del lenguaje, el ritmo y la interpretación. La tensión se mezcla con un humor oscuro y absurdo que intensifica el desconcierto y mantiene al público en un estado de alerta constante.
Interpretada por Gemma Deusedas y Anna Carreño, la obra es un ejercicio extremo para dos actrices que transitan entre lo físico y lo psicológico con gran intensidad. Durante 90 minutos, el escenario se convierte en un juego alucinante donde la lógica se resquebraja y el miedo adopta formas imprevisibles. Una experiencia teatral pensada para quienes buscan emociones fuertes y relatos que incomodan.