Inspirada en la vida de Antonia «La Lirina», vecina de Olivenza, la obra dibuja el retrato de una protagonista fuerte, ingeniosa y tenaz, que luchó por su dignidad y por el derecho a ganarse la vida en un mundo dominado por hombres.
La puesta en escena se construye sobre dos figuras esenciales: Amalia, que viaja entre su presente y el eco de su pasado, y el enigmático Hombre de Piedra, una presencia que emerge de sus recuerdos y encarna el poder patriarcal. Él murmura, canta, observa y dialoga con ella, creando una atmósfera cargada de simbolismo y tensión emocional.
Con un lenguaje teatral íntimo y evocador, «Amalia y el río» no solo cuenta una historia de supervivencia y rebeldía; también es una reflexión sobre la memoria colectiva, la lucha femenina y las huellas que deja el tiempo en quienes se atreven a desafiarlo.