La aparición de Teo —casi casual, casi inevitable— introduce una fisura en esa quietud. Una conversación, un gesto cotidiano, bastan para que algo se desplace. A partir de ahí, el relato se abre hacia la memoria: la infancia, el miedo a ser visto, la necesidad de afecto. No se trata de una historia de amor convencional, sino de un proceso más sutil, donde el deseo se reconoce poco a poco.
El texto de Cesc Colomina, dirigido por Guillem Sánchez Garcia e interpretado por Roc Bernadí, apuesta por una escritura contenida, donde lo importante no siempre se dice en voz alta. La puesta en escena acompaña este tono, creando un espacio donde el tiempo parece dilatarse.
«Abraça’m fins que m’adormi» habla de ese instante en que algo cambia sin hacer ruido. Un despertar emocional que no se impone, sino que se revela cuando uno decide mirarse sin esquivar lo que siente.
[[author:zenia-kade]]