Inspirada en la figura histórica de Heróstrato, el pastor griego que incendió el templo de Artemisa solo para ser recordado, la obra nos presenta a un protagonista contemporáneo que cae en la misma trampa del ego y la necesidad de trascender. Su admiración se vuelve obsesión, y la obsesión, crimen. Pero lejos de ser un descenso solemne a la locura, «A fuego» se convierte en un espejo irónico que nos hace reír —a veces a carcajadas, a veces incómodamente— de nuestra propia vanidad.
El autor-intérprete salta de personaje en personaje, se burla de sí mismo y de los códigos del teatro, y nos arrastra en una espiral de metateatralidad donde el deseo de dejar huella se convierte en el verdadero protagonista.
«A fuego» no es solo una obra, es una cerilla encendida en mitad del escenario. ¿Te atreves a ver qué prende?