En Poblenou, el barro y el vino se encuentran en un taller que invita a bajar el ritmo y concentrarse en el gesto. Durante dos horas, el espacio de Waku Ceramics se convierte en un pequeño refugio donde la creación manual marca el tempo.
La propuesta es sencilla: modelar una pieza propia mientras se disfruta de una copa de vino —o de una alternativa sin alcohol— en un entorno cercano. No se requiere experiencia previa. Los artesanos acompañan el proceso paso a paso, desde el primer contacto con el material hasta dar forma a un objeto que, una vez cocido, podrá llevarse a casa.
El taller funciona como una pausa dentro de la rutina. Las manos trabajan, la conversación fluye y el resultado no es solo la pieza final, sino el tiempo dedicado a construirla. Cada creación es distinta, marcada por pequeñas decisiones y por la propia imperfección del proceso.
Abierto todo el año, el espacio acoge tanto a quienes llegan solos como a parejas, grupos o familias. Más que una actividad puntual, se plantea como una experiencia compartida donde lo importante no es el resultado, sino el momento en que se crea.