La obra parte de una figura casi mitológica: un misterioso artista conocido como «el alto músico», supuesto responsable de introducir música y danza en el teatro de la antigua Grecia. A partir de esa premisa tan improbable como seductora, el montaje abre un falso simposio donde voces expertas, repertorios imposibles y reflexiones extravagantes intentan responder una pregunta sencilla solo en apariencia: qué es exactamente un musical y dónde están sus límites.
La Banda Municipal de Barcelona, dirigida por José Rafael Pascual-Vilaplana, se convierte en el motor de esta experiencia escénica que mezcla referencias clásicas, ironía y celebración musical. La formación, una de las más antiguas de Europa, aprovecha además la ocasión para reivindicar su espíritu abierto y experimental coincidiendo con sus 140 años de historia.
Más que una revisión del género, la propuesta funciona como una celebración del placer de mezclar disciplinas, ideas y sonidos sin pedir permiso. Un espectáculo que se mueve constantemente entre lo culto y lo absurdo, y que encuentra precisamente ahí su personalidad.