Considerado un maestro de la mirada humanista, Shimizu filmó la vida cotidiana con una sencillez que sigue sorprendiendo: personajes cercanos, gestos pequeños y relatos que respiran libertad, ternura y una profunda compasión por lo humano.
La programación reúne títulos clave que permiten observar la evolución de su lenguaje, desde Chicas japonesas en el puerto (1933), una de sus películas mudas más conocidas, hasta obras de los años cincuenta como La escuela Shiinomi o El sonido de la niebla, rodadas en plena edad de oro del cine japonés. Entre ambos extremos aparecen joyas como Los masajistas y una mujer, La torre de la introspección o Apuntes de una cantante ambulante, piezas que muestran la amplitud temática y formal de un cineasta siempre atento a los márgenes y a las emociones discretas.
Lejos de los grandes artificios, el cine de Shimizu apuesta por una puesta en escena ligera y una narrativa que fluye con naturalidad, convirtiendo cada historia en una observación íntima del mundo. Este ciclo propone una oportunidad única para sumergirse en una filmografía que, décadas después, sigue transmitiendo la sensación de aire fresco y mirada honesta.