La programación reúne Videodrome (1983) y La mosca (The Fly, 1986), dos obras que exploran la transformación física como reflejo de conflictos mucho más profundos. En ellas, Cronenberg convierte la mutación del cuerpo en una poderosa metáfora sobre la tecnología, la identidad, la obsesión y los límites de la condición humana.
Lejos de buscar el impacto visual por sí solo, el cineasta utiliza el horror corporal para plantear preguntas incómodas que siguen conservando toda su vigencia décadas después de su estreno. Sus historias inquietan tanto por lo que muestran como por lo que sugieren.
Ver estas películas en pantalla grande permite apreciar toda la fuerza de un estilo visual que marcó a generaciones de cineastas y espectadores. Una oportunidad para reencontrarse con dos clásicos que transformaron para siempre la forma de entender el terror y demostraron que el monstruo más perturbador puede surgir del propio cuerpo.